Comer más sano

Todos (o casi todos) queremos comer más sano, créeme, y tú puedes ser uno de ellos. Aunque estás negando que no te interesa comer más sano, sabes que de alguna forma comer sano y la salud están en una conexión.

Escribo este artículo para que empieces ahora mismo con una solución simple y efectiva:

Un paso seguro hacía una alimentación más sana.

Puede ser que el médico te dijo que tienes que comer más sano, o puede que después de volver de vacaciones en la playa, donde has visto personas con un cuerpo mejor que el tuyo, habrás pensado: “Si quiero tener ese cuerpo necesito comer más sano.”

Sea cuál sea el motivo, para todos aquellos que todavía no han adoptado esa mentalidad del estilo de vida inteligente, la siguiente fórmula les parece verdadera:

Comer más sano = hacer dieta horrible + renunciar a parte de la vida social + comer verduras sin sabor y todo lo demás a la plancha

Cómo lo verás en mi LIBRO, hacer dieta y restringiendo calorías te llevará al fracaso absoluto porque entrarás en un círculo vicioso, donde tú ganarás cada vez más peso (grasa) extra.

A continuación te diré los dos pasos que tienes que seguir para que empieces poco a poco a adoptar una mentalidad positiva hacía alimentos sanos.

1. La motivación tiene un poder limitado y la negatividad no mola.

Básicamente a nadie le gusta perder. ¿Tengo razón?

No nos gusta perder el dinero, la salud, y otros objetos nuestros ni siquiera nos hace gracia perder una cosa que no tiene nada que ver con lo material, como por ejemplo perder un debate entre los amigos.

Fíjate cuando empiezas hacer una dieta y en las instrucciones te pone que tienes que empezar a comer menos, a disfrutar menos de tus preferencias, y hasta todo el día tienes que estar pendiente del término “menos” en la báscula. Te obsesionas con perder, perder y perder pero tú sabes que eres una persona ganadora y perder no es lo tuyo.

La motivación tiene un poder limitado y tu entorno puede ganar a la motivación.

Ahora mismo no sé exactamente que alimentos vas a ingerir primero en tu desayuno, comida o cena. Por norma general, si no seguimos ningún estilo alimenticio en especial a la hora de sentarnos a comer siempre empezamos con el alimento o la variedad que más nos gusta. Si tienes en el plato patatas fritas, un filete y una ensalada en un bol, es posible que empieces primero a ingerir las patatas fritas (porque son altamente gratificantes), quizás después comerás el filete y en última instancia empezarás una batalla mental preguntándote a ti misma/o si todavía tienes hambre para esas verduritas o no.

El objetivo sigue siendo comer más sano, sin perder en el intento, ¿verdad?

Como esa pequeña dosis de motivación es muy limitada, no la malgastes y utilízala justo al principio de empezar a comer. Será tu poder mágico.

Elige cualquier tipo de verdura u hortaliza. Puede ser medio pepino cortado en rodajas pequeñas, un tomate pequeño, medio pimiento cortado en tiras, una zanahoria pequeña o cualquier otra verdura.

Está será tu única oportunidad, tienes una única bala para utilizar así que no dejes la verdurita para después de comer (lo que te pone en el plato tu mujer/marido/abuela…).

2. Céntrate en ganar y no en perder. Positivo y nunca negativo

Tu sólo céntrate en añadir (eso si utilizando el paso anterior) y NO en eliminar o quitar nada.

Irás muy poco a poco, el primer día eligiendo cualquier verdura u hortaliza, pero lo más importante es comerla antes de nada. Después de comer la verdura u hortaliza sigue con la comida del plato que tenías.

Asimismo estás ganando y no perdiendo nada. Estás por el camino correcto hacia una alimentación más sana.

Centrándote sólo en ganar aceptación y poco a poco placer por verduras y hortalizas, se creará un hábito positivo.

Es probable que ahora me digas que es imposible incorporar una verdurita y con el tiempo más variedad en tu desayuno, comida o cena.

Yo mismo lo he experimentado y con este método he conseguido incorporar desde medio pepino cortado en rodajas (en el desayuno) a comerme una porción generosa de verduras. De hecho ahora “me lo pide el cuerpo” y me encanta comer verduras recién cortadas por la mañana junto con otras cosas.

En un estudio muy interesante, los científicos demuestran que Sí es posible cambiar la actividad cerebral hacía unos alimentos más sanos en contra de los alimentos llamados “basura”, con la ayuda de hábitos y comportamientos.1

Otro ejemplo, que utilicé como referencia para mi Libro (disponible en amazon), es el estímulo condicionado.

El autor David Kessler afirma cómo un estímulo condicionado se puede crear rápidamente.  Este autor describe el resultado de un estudio donde a las personas se les dieron un bocadillo alto en azúcar y alto en grasa durante cinco mañanas consecutivas. Lo que parece lo más sorprendente, es que después del experimento, estas personas querían algo dulce parecido al bocadillo, más o menos a la misma hora que habían sido alimentandos en el estudio, a pesar de que no tenían costumbre de tomar un bocadillo anterior a ese tiempo.2

Ahora entiendes como tu cuerpo “te puede pedir”, también con el tiempo, esas verduras apetecibles (cocinadas o frescas).

 

Notas

  1. Deckersbach, T., et al., (2014). Pilot randomized trial demonstrating reversal of obesity-related abnormalities in reward system responsivity to food cues with a behavioral intervention. Nutrition & Diabetes  http://www.nature.com/nutd/journal/v4/n9/full/nutd201426a.html 
  2. Kessler, D. A. (2010). Cues activate brain circuits that guide behavior. In The end of overeating (pp. 50-54). England: Penguin Group.

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