Cómo cambiar un hábito

cómo cambiar un hábito

– Experimento con el café –

Esto es distinto a lo que había escrito hasta hoy.

Era el segundo día de Navidad, el día 26 de diciembre, lunes por la mañana. Aquel día me desperté más o menos sobre las 9. Sentí una sensación rara, una ligera sensación de malestar, acompañada de un ligero dolor de cabeza. Podría decir que algo así como la gripe quería manifestar su presencia.

Desayuné bien, como “siempre”, unos huevos fritos en aceite de coco con un buen queso rallado por encima, unas verduras frescas recién cortadas y una rebanada de pan integral con semillas. Hasta ahí nada fuera de lo normal, menos aquella ligera sensación de dolor de cabeza.

Acabé el desayuno, lavé mis platos, y como hago siempre, busqué mi taza favorita de la estantería.

Me serví un poco de café de la cafetera italiana. La verdad es que me serví mucho menos de lo normal y no sé porque. Supongo que fue intuición.

¿Pero una intuición de qué?

El café de la mañana me lo tomo siempre así puro, sin siquiera con canela, como el de la tarde.

Cada mañana sigo mi ritual de alguna manera, y esto me ayuda a escribir justo después de tomar el café. Básicamente este es el tiempo en el que puedo poner las ideas creativas en el papel.

Aquella mañana la inspiración me ayudó y escribí justo lo que me había propuesto.

Sin embargo, por la tarde mi sensación de malestar aumentó y ahora sí que sentía todos los síntomas de una gripe. Hacía tiempo que no me ponía malo pero con el frio de Burgos, lo podemos entender. No soy fan de las pastillas para atacar cada pequeña molestia como un dolorcito de cabeza pero aquello era distinto.

Me tomé algo para la gripe, y el día siguiente como si todo hubiera vuelto a lo normal. Era como el sol después de la tormenta.

Ahora viene lo curioso y lo interesante.

cómo cambiar un hábito

El martes por la mañana, el día 27 de diciembre, decidí hacer un auto-experimento.

Antes de desayunar me vino una idea a la cabeza. ¿Y si dejara de tomar café por unos días, que pasaría?

¿Cómo sería intentar renunciar a un hábito (inofensivo) que para mí es como el sol para las plantas? En verdad, tomarme el café mañanero es más que un hábito, es algo así como mi carga diaria de energía. Estaba convencido que sin el café no tendría fuerza de seguir mi ritual. De hecho no tomar el café es cómo romper el ritual.

¿Y qué pasará con mi dosis de creación, cómo seguiré escribiendo cada mañana?

No sé porque lo hice, pero lo hice. Pura curiosidad e intuición.

En parte sé por qué lo hice. Si, lo sé. Quería sentir lo que siente una persona cuando intenta cambiar un hábito alimenticio o renunciar a uno.

Quería saber si yo soy capaz de ponerme en la piel de una persona, que por ejemplo dice que quiere adelgazar y que quiere renunciar al bollo de cada mañana, sin embargo no puede.

¿Podría renunciar a un hábito, o a un “bien” tan preciado, aunque fuera sólo temporal?

Tú me dirás.

Hoy es el día 31 de diciembre, sábado por la mañana.

Y la sorpresa, sigo sin tomar CAFÉ. Hasta el día de hoy ni siquiera lo probé.

Mi plan era experimentar sólo una semana.

Básicamente para poder ponerme en la piel de cualquier persona que quiere reemplazar o renunciar a un hábito alimenticio, tuve que hacer algo extremo conmigo mismo.

Elegí mi hábito más preciado. Me golpee donde sabía que más me “dolería”.

El cambio ha dolido bastante, pero después de una semana algo cambió.

Hoy es el día 5 de enero (2017) y ha pasado una semana y media desde que empecé este experimento.

Después de esta semana y media, todo es mucho más fácil, no porque no me apetece tomar café si pienso en él, sino porque implementé unas Estrategias para que mi renuncia (temporal) al café no me diera esa sensación de cuando estás a dieta:

  • Al principio escondí mi taza de café y metí la bolsa con los granos de café en la despensa, en un sitio donde sabía que habitualmente no lo miro. En otras palabras me quité de la vista los desencadenantes ambientales.
  • Pasados los dos días con la primera estrategia, no era suficiente. El deseo y el recuerdo era demasiado fuerte como para seguir aguantando.
  • Aparte de los desencadenantes ambientales había algo más que ponía “a fuego” mi pensamiento sobre el café. Cada mañana después de desayunar me pongo a escribir y justo antes de poner las ideas en el papel solía tomar el café. Era el contexto dentro de mi entorno, el que encendía un fuerte deseo por el café. Así que lo que hice fue reemplazar mi bebida caliente (el café) con otra bebida caliente, o sea con infusiones de plantas, jengibre y limón.
  • Para ganar flexibilidad, en cuanto a tiempo se refiere, con el hecho de renunciar de una manera temporal al café, me comprometí escribiendo. Me lo tomé más como un diario personal así que después de escribir las primeras palabras de este texto, me di cuenta de lo útil que puede ser si lo hago como si fuese un trabajo propio. Asimismo avisé a mi familia y a mis amigos más cercanos de que ahora estoy intentando reemplazar un hábito muy grabado en mi cerebro y que necesito su apoyo. Comprometerme a que pase el tiempo experimentando para después poder redactar algunas palabras, me hizo poder durar tanto que ya ni siquiera pienso en tomarme café, sino té. No podría fallarme a mí mismo. Esto me hizo más fuerte y ahora parece que no hago ningún esfuerzo para seguir con el experimento.

Hoy es el día 15 de enero (domingo) y ya han pasado 3 semanas.

Esta mañana decidí acabar con el experimento porque he cumplido con mi objetivo: he tenido éxito en el proceso de cambiar un hábito tan poderoso para mí, renunciar al café aunque fuera de una manera temporal.

Lo más curioso es que esta mañana de domingo, no he tenido tantas ganas de despertarme súper pronto para poder tomar por fin lo que no hace mucho fue, “mi bebida mágica”.

De hecho como no he tenido casi nada de hambre, hoy desayuné algo tarde, a las 12 de la mañana. Sorprendentemente ni siquiera me tomé el café después de desayunar, sino que me puse a montar un armario (de Ikea) con mi padre. Así que te puedes imaginar que estuve algo entretenido.

En un final, después de acabar con el armario, me tome una taza pequeña de café puro, sin nada añadido.

Me esperaba a otra sensación, me esperaba a tener verdaderas ansias con ese café. Quizás pensaba que iba a tener un comportamiento típico de las dietas de moda, pensaba que tendría un comportando como el de recibir una recompensa después de tanto “sufrimiento”.

Hoy es el día 16 de enero, lunes.

Hoy he decidido escribir las últimas palabras de este auto-experimento de reemplazar un hábito por otro.

Sigo con mi ritual de cada mañana, el de poner las ideas creativas sobre el papel, y ¿sabes qué? No he tenido ganas de tomarme mi taza de café como justo antes de este experimento, sino que me hice una infusión de jengibre, frutos del bosque y limón.

Ahora estoy bebiendo el último sorbo de está magnifica infusión, de mi nueva taza favorita, y quiero que sepas algo importante:

Cambiar cualquier hábito (alimenticio en este caso) es posible. Sólo hace falta buscar dentro de ti los verdaderos motivos del cambio. Después tendrás que pensar y crear tus propias Estrategias para que la transición sea tan agradable como si de un movimiento fluido se tratara (el momentum). El éxito de cambiar un hábito va más allá de su restricción.

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