Comparación social y el comportamiento alimentario

¿Qué es lo que estas comiendo?

La gente parece tener un impulso básico para evaluar la exactitud de sus opiniones, habilidades y emociones.

Sin indicadores absolutos de estas cualidades, las personas se basan en una comparación de sí mismos con los demás. Esto se llama comparación social y se aplica al comer, tanto como a otros comportamientos.

Las investigaciones muestran que las personas comparan lo que otros comen con lo que ellos mismos comen, y sacan conclusiones de estas comparaciones sobre cuánto deben comer, si han comido una cantidad normal o en exceso, cómo se sienten acerca de lo que comieron y qué tan satisfechos están con ellos mismos y su comida.

Lo interesante es que cuando comemos con otra persona, estamos propensos a comer de manera similar a esa persona, modelando o imitando qué y cuánto come la otra persona (Vartanian L, et al., 2015). Las personas tienden a comer más con alguien que come mucho, y menos con alguien que come mínimamente.

Además, lo que la investigadora Janet Polivy afirma, es que incluso utilizamos nuestro consumo de alimentos, y nuestro conocimiento de que todos se comparan entre sí en esta dimensión, para afectar cómo nos perciben los demás.

Por ejemplo, se ha demostrado que cuando las mujeres quieren hacer una impresión positiva en los demás, comen menos que cuando no se preocupan por impresionar a alguien (Mori D, et al., 1987).

Por otra parte, no es sólo la cantidad de comida que cambia cuando alguien quiere hacer una buena impresión. Una mujer que come con un hombre, elige alimentos bajos en calorías que una mujer que comer con otra mujer (Young ME, et al., 2009).

Si usamos la ingesta de alimentos para influir en cómo nos ven los demás, claramente esperamos que los demás asistan a lo que comemos tanto como nos concentremos en su consumo.

Un aspecto que me gustaría destacar es la norma social o “lo que es apropiado para comer”.

El individuo puede depender de la comparación social cuando come solo, comparando su propia ingesta con una norma social o lo que es apropiado para comer (Roth D, et al., 2001). La comparación social puede ocurrir tanto en las cantidades y tipos de alimentos consumidos, así como en las dimensiones relacionadas con la comida y el comer, como por ejemplo el peso corporal o el físico.

Cuando las mujeres jóvenes son inducidas a compararse con los modelos de moda (mostrándoles imágenes de revistas de moda de una manera que fomenta la comparación), tienden a sentirse peor acerca de sí mismas y su alimentación se ve afectada (es verdad que de manera diferente para las que hacen dieta crónicamente, las que restringen su alimentación y para las que no hacen dieta).

Al observar a otro comer, aprendemos qué y cuánto comer, cuánto nos gusta lo que estamos comiendo o si preferimos algo más, cómo nos sentimos acerca de nuestro propio consumo en comparación con la ingesta de otros, y cómo nos sentimos acerca de otras personas que comen de forma similar y diferente a nosotros.

Entender todos estos mecanismos y efectos podría ser útil en el diseño de tratamientos y estrategias para las personas que comen en exceso y los que sufren de obesidad. Por ejemplo, “poner” personas obesas en un grupo con otras personas que comen porciones más pequeñas, podría ser muy útil.

Referencia: https://jeatdisord.biomedcentral.com/articles/10.1186/s40337-017-0148-0

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