¿Contar o no contar las calorías?

“Contar o no las calorías” sigue siendo uno de los grandes debates del  mundo de la nutrición cuando se trata de perder peso, mejorar la composición corporal o el rendimiento (entre otros).

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No…

Voy a argumentar mi rotundo y firme “No”, con especial atención hacía el proceso de la pérdida de peso.

Hace unas cuantas semanas, un compañero de profesión afirmaba a través de una analogía que quizás contar calorías es necesario.

Su analogía era algo así:

“¿Deberías mirar el velocímetro de tu coche para saber que estás debajo del límite de velocidad?

No realmente, pero si empiezan a llegarte multas de velocidad con frecuencia, tal vez es hora de empezar a mirar el cuadro de mandos.”

Aunque sea ficticio, comparar la ingesta calórica total con el velocímetro del coche no me parece lo más acertado.

Hay mucha literatura científica que ha demostrado que la pérdida de peso no es solamente una cuestión de llegar a un resultado negativo en la ecuación de restar las calorías gastadas con las ingeridas.

El investigador Leslie Mertz afirma que si la obesidad tendría que ver solamente con un exceso de alimentos o muy poca actividad física, el remedio sería una simple cuestión de contar calorías o hacer el seguimiento de los pasos con un podómetro.

Se sabe de sobra que adentrarse en un plan dietético cuenta calorías se asemeja a un “plan suicida” ya que no ha sido ni será sostenible como estilo de vida, sin embargo la mentalidad “cuenta calorías” sigue siendo la primera en ser adoptada por aquellos que quieren liberarse de algunos kilos de grasa corporal.

La focalización cuantitativa, particularmente en las calorías disponibles de alimentos específicos, no reconoce los efectos metabólicos  más amplios de los propios alimentos.

Como dice el dicho frecuentemente atribuido a Albert Einstein, “no todo lo que se puede contar cuenta”, y el consejo de contar calorías o tratar de cambiar los balances de calorías interviniendo en cantidades de alimentos indiferenciados, parece estar mal dirigido.

Imaginémonos un consejo equivocado: por ejemplo, para contar las onzas líquidas, bebe menos y orina más – consejo que podría resultar en una pérdida de peso temporal (pero sin pérdida de grasa) y ser incómodo, insostenible, irrazonable e inútil…

En su ambigüedad, las calorías cuentan y el balance de calorías es importante, pero el consumo o el gasto neto, probablemente, resulta más de las distinciones cualitativas en los alimentos que comemos que de los intentos conscientes del control cuantitativo. (estudio)

Una buena noticia es que los investigadores están cambiando de los modelos termodinámicos a los modelos metabólicos de la obesidad. Quizás la obesidad se podría explicar mejor no “contando las calorías que entran y las que salen” sino entendiendo cómo los productos dietéticos y los comportamientos específicos perturban el metabolismo celular y promueven la lipogénesis neta. (estudio)

Lo que no sabías de las calorías

  •  Una caloría no es exactamente una caloría.

Lo que crees acerca de los alimentos, que comes, puede tener efectos positivos o negativos. Hemos oído muchas veces del efecto placebo y seguramente todos hemos sentido alguna vez, qué es inducir una buena sensación, saber que un alimento te va hace sentir bien.

Lo que te deslumbrará es descubrir que las etiquetas de los alimentos pueden inducirnos un efecto placebo.

En un estudio muy interesante, una investigadora dio a todos los participantes un batido de 380 kcal. La cuestión es que a un grupo de sujetos les hicieron creer que estaban bebiendo un batido “indulgente” de 620 kcal y al otro grupo les hicieron creer que estaban tomando un batido “prudente” de sólo 140 kcal con nada de grasas o azucares añadidos.

El grupo que tomó el batido “indulgente” informó mayor saciedad y además mostró una disminución pronunciada de la hormona grelina (la hormona que estimula el hambre) después de consumir el batido. El otro grupo que había consumido el batido “dietético” mostro una respuesta relativamente estable de la grelina.

La conclusión es que aunque todos los sujetos tomaron en realidad el mismo batido de 380 kcal, la saciedad de los participantes fue coherente con lo que ellos creyeron que han consumido, en lugar del valor nutricional real. (artículo)

Fíjate cómo nuestra mentalidad afecta de manera significativa las respuestas fisiológicas a los alimentos.

  • La fuente de las calorías importa mucho.

Supongamos que sigues una dieta (con un número específico de calorías) con el objetivo de perder peso. Dejando de un lado mi opinión a todo lo que conlleva seguir este tipo de dietas restringidas, la fuente de las calorías provenientes de los alimentos, que juntos componen la ingesta diaria, importa mucho.

Como ejemplo, voy a poner uno cautivador, que utilicé en mi libro.

¿Cómo crees que influye en nuestro cuerpo, comer una manzana en el desayuno en vez de un donut?

A simple vista, ambos alimentos pueden ser considerados carbohidratos simples.

Sin embargo la primera gran diferencia es que el donut es un alimento que contiene carbohidratos simples refinados, mientras que la manzana es una fuente de carbohidratos simples que ocurre en la naturaleza.

Como ya lo habrás experimentado, el donut, aparte de digerirse y absorberse bastante rápido, influye negativamente en tu sistema de saciedad, haciendo que tengas hambre a poco tiempo después de comerlo. No se puede decir lo mismo de la manzana, porque aunque contenga un poquito de fructosa, es un alimento con alto índice de saciedad. Eso hace que te sientas satisfecha/o por mucho más tiempo después de comerla.

En cuanto a la carga de nutrientes que nos aportan, junto con la cantidad de hidratos de carbono, vamos a poner acento en particular sobre la manzana, ya que el donut en lo único que “supera” a la manzana es en el número de calorías, 100 gramos del mismo aportando alrededor de 400 kcal. La manzana es un alimento denso en nutrientes y es verdad que contiene carbohidratos, pero junto con esto aporta nutrientes valiosos como fibra, minerales, vitaminas y fitoquímicos.”

La información con la que deberías quedarte

 

  • Antes de preguntarte cuántas calorías tiene una porción de un alimento, pregúntate si ese alimento es real. Si es real, come sin miedo.
  • La comida real regulará la sensación del hambre y con el tiempo (y otras variables) podrás bajar esos kilos de grasa corporal.
  • Lo que de verdad importa para tu composición corporal es la fuente que te proporciona las calorías diarias.
  • Hay mejores formas que puedes utilizar para controlar la cantidad total de calorías diarias. Por ejemplo utilizar medidas como la mano para “controlar” las porciones de comida.
  • El hecho de saber que estás limitada/o por un número exacto de calorías, te hará sentirte enjaulado/a y por lo tanto puede desencadenar comportamientos alimenticios compulsivos, emocionales, etc. A nadie le gusta estar privado de libertad.

¿Entonces, nadie debería contar las calorías?

Existen algunas situaciones bastante especiales cuando es necesario controlar el número de calorías de la dieta o el régimen alimentario. En estos casos entrarían los deportistas que buscan el máximo rendimiento, los que quieren lograr una composición corporal “al milímetro” y las personas que sufren de alguna afección y/o enfermedad.

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