El miedo a Comer

Claramente tenemos un miedo a comer.

Tenemos un miedo, que quizás no somos capaces de entender ni afrontar.

Tenemos un miedo tremendo a las calorías, aun así…

Aun así, nuestros comportamientos alimenticios son cada vez más caóticos y dado el resultado de esos patrones que seguimos día tras día, el engordar, nuestro miedo a la comida se hace más grande y demuestra el hecho de que hemos “adoptado” un comportamiento bipolar hacia la comida.

Sin embargo nosotros comemos.    ¡Sí!

Nosotros seguimos ingiriendo alimentos no sólo para “aliviar” la sensación del hambre fisiológico y para obtener nutrientes valiosos que nuestro cuerpo necesita, sino también para la satisfacción sensorial, el confort proporcionado y la variedad de funciones sociales y culturales que la comida ofrece.

La información sobre la comida y las dietas, en forma de recomendaciones, afirmaciones de salud y recetas, proporcionadas por los medios de comunicación y la cultura popular, puede afectar la elección y puede impactar los resultados en la salud.

Esto nos lleva a la siguiente cuestión.

Lo que está claro es que la desconfianza de un alimento me puede llevar también a un comportamiento distinto, o sea elegir otro alimento en su lugar en que llegue a tener una “creencia positiva”.

Por ejemplo el miedo a comer una naranja por el pretexto de que contiene mucho azúcar y te puede hacer engordar, probablemente “te lleve” a elegir el zumo naranja “sin azucares añadidos” que ha sido publicitado por la industria alimentaria.

Las calorías son consideras, en la creencia popular, como unos “monstruos” que se acumulan en el cuerpo bajo la forma de grasa corporal.

Me gustaría que pensarás ahora mismo si tú tienes miedo, por ejemplo a las grasas, a esas grasas naturales incluido las grasas saturadas.

Es la creencia popular y los medios de comunicación quienes han inculcado ese miedo hacia las grasas (en este caso), un macronutriente con un contenido calórico más elevado que los demás.

Por lo tanto esto nos llevó a tener un miedo tremendo a todos los alimentos naturales que tienen grasas como la mantequilla, el yogur natural, la manteca de cerdo, etc.

Esta creencia negativa que hemos adoptado con los años hacía los alimentos naturales, es utilizada como “arma” principal por la industria dietética. Por eso quiero hablarte de la gran mentira y del mito de los llamados productos dietéticos o light.

Andamos ciegamente por el supermercado en busca de nuevos productos milagro en la sección de alimentos dietéticos. ¿Y qué encontramos? Sólo “alimentos” que han pasado por muchos procesos artificiales donde ciertos nutrientes que engordan han sido sustituidos por elementos sintéticos que vuelven loco a nuestro metabolismo. (libro)

Muchos de los que desean adelgazar reemplazan por un periodo determinado las galletas normales, las pizzas, el chocolate con leche, y todos los productos fast – food “enteros” con productos igual de deliciosos de las estanterías, en la sección de adelgazar del súper.

¿Ayudan estos productos?

En realidad no, no y otra vez no.

Muchas veces el contenido calórico de estos productos es casi igual o incluso mucho más alto que las versiones “normales” (pero no nutritivas) de los mismos productos.

Como lo explique en mi Libro, Adelgaza definitivamente con tu Círculo Virtuoso, recomiendo un enfoque hacía los nutrientes y no en las calorías, sin embargo es importante saber la carga calórica total, sobre todo cuando se trata de productos como hemos hablado porque las calorías provienen de falsos nutrientes.

En un estudio, realizado por el Departamento de Psicología de la Universidad de Yale, los investigadores han evaluado el impacto de las etiquetas de calorías del menú del restaurante, en la elección de alimentos y la ingesta.

Asimismo, los comensales que les presentaron el menú con las etiquetas de calorías, pidieron y consumieron menos calorías que los comensales que no conocían el aporte calórico (las etiquetas) sin embargo su consumo aumentó a niveles comparables cuando los menús fueron redistribuidos.

Sólo los comensales, que les presentaron tanto el contenido calórico del menú como también la recomendación para la ingesta diaria, consumieron menos calorías que otros grupos durante todo el estudio.

¿Qué quiere decir esto?

Esto sugiere que el etiquetado de las calorías en los menús influye en la elección de alimentos y que las recomendaciones nutricionales junto con las etiquetas podrían “controlar el consumo” de una manera más eficaz.

Una pequeña conclusión de lo que hemos hablado hasta ahora: El Conocimiento es Poder.

Siguiendo con esta afirmación tan potente, entendemos que la educación nutricional es un arma muy potente que influye en la ingesta dietética.

Por sentido común no es difícil adivinar, si por ejemplo comparamos dos personas, una con una educación nutricional “adecuada”(término relativo) y otra persona que se ha “educado” gracias a la creencia popular, ¿cuál de estas dos personas tomará mejores decisiones a la hora de alimentarse?

La información nutricional en las etiquetas de los alimentos es una fuente importante de información nutricional pero normalmente está subutilizada por los consumidores.

En una revisión de estudios reciente, se pone en evidencia que el conocimiento de la nutrición podría apoyar la utilización de la información nutricional en el uso de la etiqueta de los alimentos, en, al menos, 3 maneras:

En primer lugar, el conocimiento previo podría permitir a los consumidores prestar atención a información importante en una etiqueta de alimentos e ignorar las características de marketing que no reflejan cualidades nutricionales destacadas, lo que a su vez minimiza la sobrecarga de información.

En segundo lugar, el conocimiento previo de la nutrición puede facilitar la comprensión de, y la memoria para, la información nutricional de la etiqueta de los alimentos (por ejemplo, determinar si 700 mg representa poco o mucho sodio).

En tercer lugar, el conocimiento nutricional previo podría apoyar la aplicación de la información comprendida y recordada a la elección de alimentos.”

 

Así que cuanto más conocimiento tengan los consumidores sobre la nutrición, más probable es que consulten y comprendan la información nutricional en las etiquetas de los alimentos.

Volviendo al tema principal, ¿Entonces, cómo puedo disfrutar de los alimentos sin sentir miedo o sentirme culpable?

  1. Si tú sabes que quizás algunas creencias, heredadas a lo largo de la vida, te han hecho elegir ciertos alimentos por ejemplo unos procesados en lugar de sus variantes naturales, considera que el primer paso está superado. Lo importante es saber y reconocer que hay algo que pueda ser un “problema” que queramos resolver.
  2. Comer sano y alimentarse bien nunca será sinónimo de privarse del buen sabor de los alimentos y del acto de disfrutar de una buena comida. Tu actitud y tu mentalidad hacía la comida en general, influye fisiológicamente y es lo que influirá también en la salud y el peso corporal.
  3. Vuelvo a reiterar la expresión el conocimiento es poder. El miedo a comer nace normalmente en base el desconocimiento. Por ejemplo entender “qué es el hambre, por qué comemos, qué son las calorías y qué función tienen los nutrientes en nuestro cuerpo” sería un buen paso para empezar con la educación nutricional.

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